Autor/es: Josep Maria Rosanas
Documento original: On the Methodology of Management Research
Año: 2007
Idioma: Inglés
¿Cómo puede estudiarse la dirección de empresas? ¿Es posible hacerlo desde un punto de vista científico, con teorías comprobables empíricamente? ¿O es una materia no científica por naturaleza, lo que en la práctica hace irrelevante cualquier teoría que se proponga? En los últimos años, los investigadores de la gestión han utilizado una serie de métodos aceptados, cuyos resultados parecen adherirse implícitamente al siguiente principio: "todo aquello empírico que utilice métodos aceptados se considera científico, mientras que lo que no es empírico se considera altamente improbable". Sin embargo, esta máxima plantea serios problemas, por lo que los investigadores deberían formular teorías de la gestión con mejores fundamentos. El proceso podría incluso poner en solfa el hecho de que la gestión sea considerada una ciencia. En "On the Methodology of Management Research" ("Sobre la metodología de los estudios de la dirección de empresas"), el profesor del IESE Josep M. Rosanas analiza los particulares elementos y desafíos de la actual investigación sobre la gestión y aboga por una metodología lógica y eficaz.
Una primera pregunta importante es si las teorías de la gestión pueden llegar a ser relevantes para las prácticas directivas reales. ¿No es la gestión, en gran medida, intuitiva? Puesto que está tan orientada hacia las personas, ¿puede ser de alguna utilidad cualquier conclusión o teoría que se elabore? Es difícil precisar lo que hace del estudio de una materia una "ciencia", pero en general los investigadores coinciden en que la gestión reúne los requisitos. No obstante, se corre el riesgo de caer en el "cientificismo", es decir, en "una confianza exagerada en la eficacia de los métodos de las ciencias naturales aplicados a todas las áreas de investigación". La gestión puede ser una ciencia, pero su naturaleza única implica que las "normas" de las ciencias naturales no siempre proceden, por lo que se ha de ser prudentes a la hora de conectar las teorías con la realidad. El "espíritu" de las ciencias naturales, y no sus métodos específicos, es lo que debería imitarse.
La investigación en el terreno de las ciencias sociales plantea varios problemas epistemológicos, que pueden resumirse de la siguiente manera: los datos son en gran medida subjetivos, y las ciencias sociales presentan una "complejidad esencial". Las dificultades que plantean las ciencias sociales resisten el uso de probabilidades, y el panorama cambia continuamente debido a que las personas aprenden. La medición y la observación suelen ser difíciles. Estos problemas afectan también a la teoría de la gestión, ya que su meta es la definición de "normas o pautas para la toma de decisiones".
Algunos estudiosos han argüido que distintos tipos de ciencias merecen métodos de investigación diferentes: hipotético-deductivo (ciencias naturales), hermenéutico (artes) y dialéctico (ciencias sociales). Pero, según Elster, la distinción correcta es la de tres modos de explicación: causal, funcional e intencional. La explicación causal es la única válida en física. La funcional comprende nociones como las de beneficios, adaptación, selección y evolución, por lo que tiene de paradigma a la biología. En cambio, la construcción básica en las ciencias sociales "la unidad elemental de explicación", es la acción del individuo guiada por algún tipo de intención. La adaptación intencional difiere de la funcional en que esta última puede proyectarse en un futuro lejano, mientras que aquélla es típicamente miope y oportunista. Actualmente, las teorías de la gestión son en su mayoría causales o funcionales. Sin embargo, nuevamente según Elster, las explicaciones funcionales no tienen ningún papel en las ciencias sociales, y existe claramente una relación entre intencionalidad y racionalidad.
¿Cómo puede elaborarse una teoría de la gestión? En primer lugar, hay que crear un lenguaje formalizado mediante "la observación de la realidad de tal modo que se capten los conceptos esenciales y sus interrelaciones". Este tipo de lenguaje debe tener raíces lógicas y matemáticas, aunque los modelos matemáticos no siempre están relacionados con el mundo real. Encajar con calzador una teoría en la realidad conduce al problema del "racionalismo ingenuo", o sea, la falacia de creer que "el propósito de una teoría científica es 'explicar' fenómenos observados". Por ello, es un error "dar por hecho que un modelo reduccionista representa adecuadamente la realidad, cuando lo cierto es que sólo representa una primera aproximación al problema".
La teoría de la agencia es un ejemplo de modelo reduccionista. Esta teoría tiene dos vertientes: la del principal- agente, matemática y precisa, y la positiva, más informal y empírica. Existen grandes diferencias entre estas dos vertientes. La principal-agente "puede considerarse una 'primera aproximación' al problema"; la positiva "pretende describir la realidad" y puede "servir para extraer recetas para su aplicación práctica". Ambas vertientes parten de la base de que racionalidad es ilimitada, lo que "hace que los seres humanos sean tan intencionadamente calculadores que su comportamiento sea perfectamente previsible y, por tanto, las explicaciones sean 'causales'". Una racionalidad limitada, en cambio, "puede hacer que las explicaciones causales e intencionales sean sustancialmente diferentes". Una aplicación precipitada de la teoría de la agencia a la realidad puede transformarse en una profecía autocumplida.
El empirismo ingenuo, la confianza errónea en "los hechos lisos y llanos, imparciales", es otro problema que plantea el estudio de la gestión. Los empiristas ingenuos trabajan desde un punto de vista inductivo, es decir, observan los hechos y luego los generalizan para elaborar teorías universales. Pero esta perspectiva es peligrosa porque "los hechos lisos y llanos, imparciales" en los que se basa no existen. Un concepto relacionado, de gran importancia, es la falsificación, que consiste en hallar un contraejemplo que "falsifica" una teoría general asumida y, por tanto, demuestra que no es válida.
Otra forma de ingenuidad, el pragmatismo ingenuo, también puede obstaculizar los estudios de la gestión. Un pragmático ingenuo se fía del "conocimiento que se deriva directamente de la práctica, o sentido común, sin las garantías necesarias que podrían darle una base sólida". En otras palabras, las experiencias no son hechos. Es necesario un análisis más riguroso para asegurarse de que lo que se afirma no es "conocimiento falso o superstición".
¿Por qué centrarse tanto en la investigación sobre la gestión y sus dificultades? Lo cierto es que se necesitan nuevas teorías de la gestión y que los métodos de investigación actuales suelen ser deficientes. Por ello, resulta imprescindible comprender cuál es la metodología más lógica y eficaz para llevar a cabo nuevas investigaciones y elaborar un cuerpo teórico del que puedan sacar provecho los directivos de hoy y mañana.
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